La TV: peligrosa amiga, niñera y maestra de los más chicos.
Un chico le dice a otro:
- ¿Viste que dicen que la televisión estupidiza?
- No, no lo vi. ¿En qué canal lo dieron?
Según un estudio realizado por la central de medios Ignis, basado en informes de medición de audiencia en Capital Federal y el Gran Buenos Aires, en los últimos cinco años las horas que los niños pasan frente al televisor se incrementaron de cuatro a cinco por día.
“Los chicos tienen mucha libertad para ver televisión. Me parece un descuido”, dice Hugo Midón, autor y director con más de 30 años de experiencia haciendo teatro para niños. “Yo les pondría un límite respecto de qué programas pueden ver y cuánto tiempo pueden consumir televisión, del mismo modo que se les ponen límites para ir a dormir, para cruzar la calle o para evitar que metan los dedos en el enchufe. Deberíamos ser más severos en cuanto a lo que los chicos consumen, tanto en la alimentación como en lo que llega a su corazón y a su cabeza”. Midón no es el único que piensa de esa forma. Cris Morena, productora de programas infantiles como Chiquititas, Rebelde Way y Floricienta, sostiene que la televisión les quita la imaginación a los chicos, al darle las cosas muy servidas. En palabras de psicólogos, las horas que se pasan frente al televisor son horas en las que los niños no juegan, limitando el desarrollo del psiquismo.
Lo preocupante de la situación no sólo es la cantidad de tiempo sino los contenidos de los programas que ven. Siguiendo con el estudio de Ignis, de las cinco horas que los niños pasan mirando televisión, 1 hora y 20 minutos la dedican a mirar canales de cable como Nickelodeon, Cartoon Network, Discovery Kids y Jetix. El resto de las horas, los chicos miran TV abierta, en la que no predominan programas exclusivos para ellos. A su vez, de los pocos que podemos encontrar en las grillas de programación sólo alrededor del 10% corresponden a producciones nacionales, que parecen reducirse a ciclos conducidos por rubias sexys y pulposas, con poca producción y escasos recursos.
Claudio Morgado, quien en mayo de este año asumió como asesor del departamento de programación infantil de Canal 7, sostiene que es una cuestión de inversión. Algo similar opina Roxana Morduchowicz, directora del programa Escuela y Medios del Ministerio de Educación de la Nación, quien piensa que los motivos para no dedicar más tiempo de la programación a este género están relacionados a que el público infantil y adolescente apenas alcanza la mitad del rating del programa más visto de la programación general. Sin embargo, cabe preguntarse si esto no es consecuencia de la oferta limitada y poco novedosa.
Hace algunos años, en Europa se realizó una encuesta cuyo resultado demostró que, según la opinión de padres de chicos en edad escolar, la mayor influencia que reciben los niños en la vida cotidiana proviene de la familia, la escuela y la televisión. Tal vez sea por eso que Europa brinda una sólida programación para chicos. Hoy en día, en la Argentina, la mayoría de los niños cuenta con un televisor en su habitación y, considerando que la cantidad de horas de exposición a la pantalla va en aumento, es un buen momento para plantearse una programación con más tiempo dedicado a ellos. Sobre todo si pensamos en el estado actual de las familias argentinas. La situación laboral aleja a los padres de los hijos y el televisor se convierte en una especie de niñera electrónica. Así se delega la crianza de los niños y no se comparte su crecimiento. Los chicos ven programas de baja calidad y no están acompañados para poder procesar junto a un mayor toda la información que reciben. ¿Qué podemos hacer entonces frente al aumento del consumo de televisión? “No se trata sólo de prohibir o no la televisión o de cuánto tiempo permitirles a nuestros niños mirarla. Es necesario acompañar los límites con otras ofertas educativas que resulten igual o más atractivas (juguetes, plaza, jardín de infantes, libros, música, pintura)”, explica Silvina Gvirtz, directora de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés. “Muchas veces los niños eligen la televisión no por voluntad, sino por falta de elección. El gran desafío es educar a nuestros hijos para que elijan no mirarla o mirarla en tiempos limitados”.
Lo cierto es que los chicos miran TV y a través de ella reciben información, entretenimiento, estímulo. Denis McQuail, sociólogo y comunicólogo, en su caracterización de los medios de comunicación considera que, entre otras cosas, son una señal que indica el camino, orienta o instruye. Tal es así, que nuestra mirada está orientada por los medios y la transmisión de conocimiento denota su carácter educativo. Además, la tele cumple un papel importante en el desarrollo de la inteligencia emocional. Los chicos suelen identificarse con personajes de series o programas y muchas veces la trama interviene en la formación de valores. Por eso es fundamental que los chicos conozcan y entiendan a los medios, para saber a qué se enfrentan, pensar lo que están viendo y no dejarse manipular.
Silvia Bacher, especialista en comunicación y educación, indica que para los chicos la tele es una escuela. Pero una escuela en la cual la velocidad y la urgencia, la fragmentación y la ausencia de historia suelen ser parte de la currícula. Las instituciones de enseñanza deben trabajar para revertir la ética/estética de “vivir en videoclip” (referida al pensamiento fragmentado). “La escuela debe repensarse y redefinir sus estrategias, pero al sumar a la TV como objeto de estudio puede intervenir para darle lugar al pensamiento”, indica Gvirtz.
Guillermo Orozco Gómez es profesor e investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social de la Universidad de Guadalajara, México. En un análisis sobre los desórdenes provocados en la comunicación social por los cambios tecnológicos, Orozco explica que antes, el libro tenía la última palabra que le peleaba al maestro en el salón de clases. Ahora, la última imagen está en la pantalla y la última palabra la tienen los sujetos audiencias y sus ojos. Se cae en un pensamiento erróneo en el que se cree “si lo veo en la pantalla, es verídico; si no lo veo, puedo dudar y desconfiar”. La vista se convierte en legitimadora de lo que pasa por ella y a partir de ahí los sujetos se permiten cuestionar al maestro.
Las ya erosionadas figuras de razón y autoridad tradicionales (desde los profesores hasta los libros) se ven sacudidas y confrontadas. Y las instituciones educativas no acaban de comprender que no es la sola dotación de máquinas en las escuelas la alternativa para atajar el desafío, sino el debatir y repensar los para qué de la educación y la comunicación.La influencia de la televisión en los niños es innegable. Queda entonces replantearse su papel en la educación de los más chicos y encontrar la manera de que programas infantiles con buenos contenidos puedan complementarse con la educación formal brindada en la escuela.