5.9.06

La TV: peligrosa amiga, niñera y maestra de los más chicos.

Un chico le dice a otro:
- ¿Viste que dicen que la televisión estupidiza?
- No, no lo vi. ¿En qué canal lo dieron?


Según un estudio realizado por la central de medios Ignis, basado en informes de medición de audiencia en Capital Federal y el Gran Buenos Aires, en los últimos cinco años las horas que los niños pasan frente al televisor se incrementaron de cuatro a cinco por día.

“Los chicos tienen mucha libertad para ver televisión. Me parece un descuido”, dice Hugo Midón, autor y director con más de 30 años de experiencia haciendo teatro para niños. “Yo les pondría un límite respecto de qué programas pueden ver y cuánto tiempo pueden consumir televisión, del mismo modo que se les ponen límites para ir a dormir, para cruzar la calle o para evitar que metan los dedos en el enchufe. Deberíamos ser más severos en cuanto a lo que los chicos consumen, tanto en la alimentación como en lo que llega a su corazón y a su cabeza”. Midón no es el único que piensa de esa forma. Cris Morena, productora de programas infantiles como Chiquititas, Rebelde Way y Floricienta, sostiene que la televisión les quita la imaginación a los chicos, al darle las cosas muy servidas. En palabras de psicólogos, las horas que se pasan frente al televisor son horas en las que los niños no juegan, limitando el desarrollo del psiquismo.

Lo preocupante de la situación no sólo es la cantidad de tiempo sino los contenidos de los programas que ven. Siguiendo con el estudio de Ignis, de las cinco horas que los niños pasan mirando televisión, 1 hora y 20 minutos la dedican a mirar canales de cable como Nickelodeon, Cartoon Network, Discovery Kids y Jetix. El resto de las horas, los chicos miran TV abierta, en la que no predominan programas exclusivos para ellos. A su vez, de los pocos que podemos encontrar en las grillas de programación sólo alrededor del 10% corresponden a producciones nacionales, que parecen reducirse a ciclos conducidos por rubias sexys y pulposas, con poca producción y escasos recursos.

Claudio Morgado, quien en mayo de este año asumió como asesor del departamento de programación infantil de Canal 7, sostiene que es una cuestión de inversión. Algo similar opina Roxana Morduchowicz, directora del programa Escuela y Medios del Ministerio de Educación de la Nación, quien piensa que los motivos para no dedicar más tiempo de la programación a este género están relacionados a que el público infantil y adolescente apenas alcanza la mitad del rating del programa más visto de la programación general. Sin embargo, cabe preguntarse si esto no es consecuencia de la oferta limitada y poco novedosa.

Hace algunos años, en Europa se realizó una encuesta cuyo resultado demostró que, según la opinión de padres de chicos en edad escolar, la mayor influencia que reciben los niños en la vida cotidiana proviene de la familia, la escuela y la televisión. Tal vez sea por eso que Europa brinda una sólida programación para chicos. Hoy en día, en la Argentina, la mayoría de los niños cuenta con un televisor en su habitación y, considerando que la cantidad de horas de exposición a la pantalla va en aumento, es un buen momento para plantearse una programación con más tiempo dedicado a ellos. Sobre todo si pensamos en el estado actual de las familias argentinas. La situación laboral aleja a los padres de los hijos y el televisor se convierte en una especie de niñera electrónica. Así se delega la crianza de los niños y no se comparte su crecimiento. Los chicos ven programas de baja calidad y no están acompañados para poder procesar junto a un mayor toda la información que reciben. ¿Qué podemos hacer entonces frente al aumento del consumo de televisión? “No se trata sólo de prohibir o no la televisión o de cuánto tiempo permitirles a nuestros niños mirarla. Es necesario acompañar los límites con otras ofertas educativas que resulten igual o más atractivas (juguetes, plaza, jardín de infantes, libros, música, pintura)”, explica Silvina Gvirtz, directora de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés. “Muchas veces los niños eligen la televisión no por voluntad, sino por falta de elección. El gran desafío es educar a nuestros hijos para que elijan no mirarla o mirarla en tiempos limitados”.

Lo cierto es que los chicos miran TV y a través de ella reciben información, entretenimiento, estímulo. Denis McQuail, sociólogo y comunicólogo, en su caracterización de los medios de comunicación considera que, entre otras cosas, son una señal que indica el camino, orienta o instruye. Tal es así, que nuestra mirada está orientada por los medios y la transmisión de conocimiento denota su carácter educativo. Además, la tele cumple un papel importante en el desarrollo de la inteligencia emocional. Los chicos suelen identificarse con personajes de series o programas y muchas veces la trama interviene en la formación de valores. Por eso es fundamental que los chicos conozcan y entiendan a los medios, para saber a qué se enfrentan, pensar lo que están viendo y no dejarse manipular.

Silvia Bacher, especialista en comunicación y educación, indica que para los chicos la tele es una escuela. Pero una escuela en la cual la velocidad y la urgencia, la fragmentación y la ausencia de historia suelen ser parte de la currícula. Las instituciones de enseñanza deben trabajar para revertir la ética/estética de “vivir en videoclip” (referida al pensamiento fragmentado). “La escuela debe repensarse y redefinir sus estrategias, pero al sumar a la TV como objeto de estudio puede intervenir para darle lugar al pensamiento”, indica Gvirtz.

Guillermo Orozco Gómez es profesor e investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social de la Universidad de Guadalajara, México. En un análisis sobre los desórdenes provocados en la comunicación social por los cambios tecnológicos, Orozco explica que antes, el libro tenía la última palabra que le peleaba al maestro en el salón de clases. Ahora, la última imagen está en la pantalla y la última palabra la tienen los sujetos audiencias y sus ojos. Se cae en un pensamiento erróneo en el que se cree “si lo veo en la pantalla, es verídico; si no lo veo, puedo dudar y desconfiar”. La vista se convierte en legitimadora de lo que pasa por ella y a partir de ahí los sujetos se permiten cuestionar al maestro.

Las ya erosionadas figuras de razón y autoridad tradicionales (desde los profesores hasta los libros) se ven sacudidas y confrontadas. Y las instituciones educativas no acaban de comprender que no es la sola dotación de máquinas en las escuelas la alternativa para atajar el desafío, sino el debatir y repensar los para qué de la educación y la comunicación.La influencia de la televisión en los niños es innegable. Queda entonces replantearse su papel en la educación de los más chicos y encontrar la manera de que programas infantiles con buenos contenidos puedan complementarse con la educación formal brindada en la escuela.

29.8.06

Los medios de comunicación, productores de realidad social.

En la década de los 90, en Texas, se hizo una encuesta preguntándole a la población cuál era el problema más grave del estado. La mayoría contestó que era el crimen. Paradójicamente, las estadísticas mostraban que en los últimos tres años el delito había disminuido. ¿Cómo se explica esto? Los medios de comunicación masiva daban mayor espacio a las noticias sobre delitos, por su gran impacto, y la gente terminó por creer que era la cuestión más importante del momento.

El periodista y poeta Lorenzo Gomis, sostiene que si la televisión o la radio, por ejemplo, se ocuparan de transmitir en directo “lo que pasa en la calle”, tendríamos la sensación de algo difuso, inacabado, aburrido. La interpretación de la realidad como un conglomerado de noticias responde a una expectativa pública y también a necesidades técnicas. Existe una necesidad de orientación por parte de los sujetos, ya que la información es cada vez más compleja, diversa y abarca multitud de esferas a las que el ciudadano común no tiene acceso inmediato. Es por ello que corresponde al periodismo satisfacer la demanda de información; dar de la realidad social presente una versión concentrada, dramatizadora, sugestiva, que escoja lo más interesante de todo lo que se sepa que ha ocurrido; y luego ajustarla a las necesidades del tiempo y espacio.

De esta forma, vemos que los medios de comunicación eligen qué es noticia y qué no, qué merece estar en primera plana o amerita un informe, qué conviene dejar de lado, etc. Evidentemente, esto provoca consecuencias en la sociedad.

Maxwell McCombs, quien se graduó en Letras en la Tulane University y fue periodista de The Times-Picayune, de New Orleans, analizó la influencia de la agenda de los medios de comunicación sobre la agenda pública. En 1972, publicó un artículo en la revista Public Opinión Quarterly, junto a Donald Shaw, en la que adujo que los medios de comunicación, al dar o restar importancia a determinado tema, transmiten la relevancia de los problemas que se perciben como importantes. Así nació el concepto de agenda-setting, cuya traducción podría ser “la definición de temas prioritarios”.

Según McCombs, que se dedicó a estudiar sobre todo campañas políticas, cuanto más espacio le dedican los medios de comunicación a un candidato, más se fijará en la gente la percepción de que es el que tiene más posibilidades de ganar. McCombs explica que, por lo tanto, los periodistas deben ser muy prudentes y responsables con su trabajo.

Por otra parte, la socióloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, elaboró la teoría de la espiral del silencio. Esta se define de la siguiente manera: las personas, en contexto de grupo, a la hora de plantear su opinión en relación a una temática en particular, se ven influidas por las posiciones que se manifiestan como mayoritarias por miedo a quedar excluidas. Llevado a los medios de comunicación, los más influyentes reflejan posturas que consideran convenientes y no dan lugar a otras opiniones. Noelle-Neumann demostró en la práctica cómo los mecanismos de distintos medios de comunicación y la indiferencia o pasividad de otros interfieren en la formación de la opinión del público. Cuando las personas tienen la sensación de que su punto de vista está crecientemente compartido por amplios sectores de la sociedad, se sienten mucho más fuertes, menos vulnerables e incluso están dispuestas a exponer públicamente sus opiniones.

Pues bien, hasta aquí parecería que los receptores de la información que suministran los medios de comunicación son sumamente pasivos y responden funcionalmente a lo percibido. Pero ¿es realmente tanta la influencia de los medios en la opinión de la población?

Según los escritores J. M. Sabucedo y M. Rodríguez, diversas teorías psicosociales de los años 50 contribuyeron a pensar que los individuos manifestarían una preferencia clara por la exposición a informaciones que refuerzan sus convicciones por sobre aquellas que las cuestionan. Este fenómeno, llamado exposición selectiva, ocurre con mayor frecuencia ante medios que exigen una mayor capacidad de atención y motivación por parte de la audiencia. Es decir, los medios de comunicación impresos posibilitan una mayor libertad por parte de los individuos a la hora de fijar su atención en un tema u otro, mientras que el estereotipo del televidente es el de una persona que deja pasar ante sí todas las imágenes y comunicaciones que se le brindan, sobre las que no posee ningún tipo de control. De todas maneras, la exposición selectiva plantea que cada uno decide a qué prestarle atención, posicionando al receptor en un lugar activo.

Hay otro aspecto que puede influir en el modo en que llegan los mensajes a los receptores: la percepción selectiva. Bajo esta óptica se concibe a la percepción no como un proceso pasivo, sino que los estados y disposiciones del sujeto inciden sobre ella. Las personas asimilan a su propio punto de vista aquellos estímulos que resultan más próximos, mientras que exageran la distancia de los que están más alejados. Hay situaciones a las que los receptores quedan expuestos, sin decidirlo. Si la opinión o idea percibida es similar a las creencias del individuo, entonces hay más probabilidades de que éste la adopte.

Sin embargo, J. M. Sabucedo y M. Rodríguez concluyen que los fenómenos de exposición y percepción selectiva no implican que los medios de comunicación tengan un papel poco importante en la creación y mantenimiento de creencias sociales y formas de ver el mundo. De hecho, para el caso de la exposición selectiva, existen circunstancias que pueden aminorar el efecto de las mismas; y también mensajes masivos que pueden modificar las tendencias originales de las percepciones.

Después de todo, mucha de la información que obtenemos nos llega, en gran parte, de los medios de comunicación. De manera que, a largo plazo y a través de la agenda-setting y la espiral del silencio, estos pueden modificar nuestras creencias y el modo en que comprendemos la realidad.

Es importante entonces tener en cuenta que los medios de comunicación seleccionan los hechos en función de un encasillamiento ideológico preestablecido. El periodismo no es más que una construcción de la realidad, ya que ella no puede ser transmitida en su totalidad. Siempre se decide qué sucede y cómo contarlo. Los medios deben ser entendidos como productores de realidad social. Michel Foucault, en Microfísica del poder, sostiene que “la verdad es de este mundo: está producida aquí gracias a múltiples imposiciones. […] Cada sociedad tiene su régimen de verdad.” Convendría entonces rever el rol de los periodistas y los medios, puesto que la verdad que ellos imparten, en gran medida es la verdad que conciben los receptores.

21.8.06

Internet y el nuevo escenario laboral

John es un joven norteamericano recién graduado, que utiliza frecuentemente Internet. Tiene casilla de e-mail, chatea por Messenger (MSN) con sus amigos y comparte detalles de su vida privada en sitios como Myspace.com y Friendster.com, donde publica fotos atrevidas para conocer chicas y describe noches de borracheras con sus compañeros de estudio.

Un día, John se postula para un trabajo. Pese a sus buenas calificaciones, finalmente no es elegido. Lo que este joven no sospecha, es que el motivo se encuentra en la Red de redes.

Un artículo publicado en The New York Times explica que reclutadores de diversas compañías buscan el nombre de los candidatos en Internet para conocer su estilo de vida y averiguar si es contrario a los valores esenciales de la empresa. Algo que John jamás tuvo en cuenta a la hora de compartir su intimidad con todo el mundo.

Sin dudas, Internet ha modificado el ámbito laboral. Y a pesar de que algunos, como este joven, se vieron afectados, muchas empresas y empleados se ven beneficiados con su uso.

En primer lugar, Internet proporciona muchas ventajas a la hora de la captación y selección de personal. Según un estudio elaborado por Soluziona, la tecnología permite reducir hasta un 75% los costos y un 40% el tiempo invertido en dicho proceso, ya que, por ejemplo, el uso del e-mail acelera la recepción de los curriculums.

Ezequiel Galviño, responsable de ZonaJobs, un portal de reclutamiento online, afirma que gracias a Internet y a este tipo de sitios, la selección de personal es mucho más eficiente, ya que las empresas cuentan con el beneficio de recibir las postulaciones en un formato estandarizado.

Por otro lado, dentro de las compañías, Internet también ayuda a mantener una buena comunicación con el personal. Algunas empresas, entre ellas IBM, optan por weblogs (sitios que recopilan cronológicamente textos de una temática en particular, en los que se incluye un espacio para que los visitantes dejen comentarios sobre lo que leen). De este modo, se genera un buen feedback con los empleados.

Internet también puede ser una buena herramienta para trabajar de manera flexible en cualquier lugar físico fuera de la empresa. Esto trae ventajas para la empresa, como por ejemplo, mayor productividad, dado que se considera que el ausentismo es menor; aumenta la calidad del trabajo; y cambia el sistema de remuneración, puesto que se paga por resultados obtenidos. Además, también beneficia al empleado, ya que sufre menos costos de desplazamiento, es más independiente a la hora de organizar su tarea y permite a muchas mujeres trabajar como asistentes virtuales desde su casa, manejando sus propios horarios. De esta forma, trabajar ya no es incompatible con el cuidado de los niños. Hoy en día todo el trabajo puede hacerse desde la casa, dado que hay programas corporativos que manejan la información totalmente encriptada y, por lo tanto, segura. A su vez, el uso de la video-conferencia facilita las reuniones y hoy en día las conexiones satelitales a Internet son accesibles. Este tipo de tecnología aumenta el número de mujeres que permanece en una empresa y que de otro modo renunciaría.

Hasta aquí el uso de Internet no parece tener más que ventajas. Pero cuando los empleados abusan de su utilización durante las horas de trabajo, puede traer inconvenientes.

El estudio “Internet use at work”, realizado conjuntamente por Online Publishers Association y Nielsen//NetRatings entre cinco mil lectores online de los principales diarios europeos, refleja que el 7% de los internautas que navegan desde sus oficinas dedican menos tiempo al trabajo. Un sitio web parece resumir esa realidad: www.ishouldbeworking.com (debería estar trabajando). Una página de entretenimientos con juegos, sorteos y chistes, entre otras cosas. Previendo que sus visitantes pueden ser sorprendidos por su jefe mientras recorren la página, se ofrece un recurso para evitar riesgos: un botón del pánico, que al ser clickeado cambia de sitio y conduce a un buscador en el que figura la frase “herramientas de productividad”. Una manera de engañar la vigilancia y parecer un empleado ejemplar.

A pesar de que sea bajo el porcentaje de trabajadores que pierden tiempo en Internet, muchos ejecutivos preocupados por la situación, bloquean determinados sitios a través de la filtración de palabras y hasta monitorean archivos y casillas de correo de los empleados. La solución propuesta por Ed Reilly, presidente de American Management Association, consiste en tener reglas claras respecto a un modesto uso de Internet con fines personales dentro de la compañía, para que en el futuro no haya problemas.

En algunos países europeos violar ese tipo de normas fijadas por la empresa puede ser un motivo de despido legítimo. Así lo establecieron los tribunales franceses, que sentaron jurisprudencia en la materia. Por el contrario, recientemente en la Argentina un fallo de Cámara resolvió que el uso no abusivo ni excesivo del MSN no es causal de despido. No es la primera vez que en nuestro país se toma esta determinación. Ya en el año 2004 la Justicia laboral había actuado de la misma manera frente a un caso similar.

9.8.06

Superpoderes: el fracaso del intento de semipresidencialismo

En América Latina, el sistema presidencialista tiene un largo historial de fragilidad e inestabilidad. Según el pensador italiano Giovanni Sartori, la singularidad del presidencialismo es que limita y equilibra el poder dividiéndolo. El Poder Ejecutivo subsiste separado, por derecho propio, como un organismo autónomo. Pero a la vez, no le es indiferente tener o no el apoyo del Congreso. De ahí la siguiente contradicción: cuanto más se divide la estructura de poder, tanto más se necesita un gobierno unido (es decir, que la misma mayoría controle el Ejecutivo y el Congreso). Por eso, de acuerdo a Sartori, los presidencialismos de América Latina sufren una inestable oscilación entre el abuso de poder y la falta del mismo.

Teniendo en cuenta los defectos del sistema, en la reforma del '94 se decidió darle un toque más parlamentario a nuestra Constitución. La idea era evitar el hiperpresidencialismo creando la figura del jefe de gabinete, una especie de Primer Ministro, cuya función sería negociar con la oposición y actuar como un nexo entre el Presidente y el Congreso. Se estableció que sería elegido por el Jefe de Estado y una vez por mes debería rendirle cuentas sobre la marcha de gobierno a los legisladores, quienes podrían destituirlo mediante un voto de censura.

Con el tiempo el jefe de gabinete, lejos de ser una figura de consenso, se convirtió en un mero secretario del Presidente. Una muestra de esto fue la aprobación de los superpoderes el viernes pasado, que no hace más que reforzar el poder del Ejecutivo: a partir de ahora Alberto Fernández tendrá la potestad de redistribuir las partidas presupuestarias sin pedir autorización del Congreso.

Esta polémica reforma no sólo destruye la idea fundamental del jefe de gabinete, sino que también viola lo dispuesto por la Constitución, ya que éste tendrá a su cargo competencias que pertenecen al Legislativo.

El sistema presidencialista de por sí es complejo y este tipo de manifestaciones autoritarias acentúan las dificultades que presenta. La concentración de poder en el Ejecutivo es un reflejo más del desprecio por la institucionalidad y la poca voluntad de nuestros gobernantes de hacer que el sistema, de una vez por todas, pueda funcionar.

31.7.06

Sobre los gentilicios

Es propia del pensamiento mágico la idea de una conexión natural e inmediata entre el nombre y la cosa nombrada. ¿Y a quién no le pasó eso de tener miedo de nombrar a alguna persona indeseable por miedo a invocar su presencia, como si el nombre y la cosa representada por ese nombre fueran lo mismo?

La complejidad del lenguaje ha sido tema de análisis desde hace mucho tiempo. Ya en el siglo IV a. C., Platón describía en el Cratilo que el nombre existía antes de las cosas. De esta forma, la esencia de un objeto estaría en la palabra que lo designa.

Aristóteles, en cambio, sostenía que los términos universales no son realidades anteriores a las cosas, sino simples nombres con los que se identifican objetos. Es decir, que los nombres son meras emisiones de sonido que servirían como una etiqueta.

Más allá del debate de si la esencia está en el nombre o en el objeto (que parece una discusión tan larga como la del “huevo y la gallina”), diariamente utilizamos nombres para denominar a las cosas que nos rodean. Y así también lo hacemos con las personas.

Los vocablos con los que identificamos a los habitantes de un pueblo, una ciudad o un país se llaman gentilicios. Su formación obedece por igual a la lengua y a la historia, es decir, a particularidades extralingüísticas que motivaron el nombre.

De ese modo, es posible encontrar que sobre una misma base léxica, los nombres se han diferenciado por el sufijo:
- santiagueño, de Santiago del Estero;
- santiaguero, de Santiago de Cuba;
- santiaguino, de Santiago de Chile.

También se han conservado denominaciones que responden al azar histórico, como sucede con maragato, aplicado a los habitantes de Carmen de Patagones, ya que sus primeros pobladores pertenecían a la región española de la Maragatería. A los que viven en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se los denominó porteños, ya que el origen de la ciudad se debió al puerto, que permitió el crecimiento y el desarrollo de la región.

Muchas veces la geografía es crucial a la hora de entender el significado de algunos gentilicios. A los habitantes de San Luis, además de llamárseles sanluiseños, se les dice puntanos porque la ciudad está ubicada al pie de las Sierras Grandes, en el extremo denominado Punta de los Venados. A los ciudadanos de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, se los llama uruguayenses por el Río Uruguay.

En otros casos, las denominaciones derivan del gentilicio más común, pero denotan cierto afecto por los que viven en esa zona. Por ejemplo, se les dice sanjua a los que viven en la provincia de San Juan y menducos a los que viven en la provincia de Mendoza. Aunque los tucumanos (de la provincia de Tucumán), no tan queridos por los habitantes de Santiago del Estero, recibieron el nombre de gatos, como un sinónimo de ladrones.

Vemos así que los nombres que reciben los habitantes de las diferentes provincias pueden estar relacionados a cuestiones históricas y geográficas o simplemente a la imaginación de la población.

Pero atención a la hora de elegir cómo nombrar a un habitante ya que, si seguimos la línea del pensamiento mágico, podríamos cambiar su destino, al ser el nombre una parte vital de lo que define.

27.7.06

Bienvenidos a mi blog.

Esse est percipi et percipere. Ser es ser percibido y percibir (G. Berkeley).
La idea de este blog es "darle vida" a aquellas percepciones que dan vueltas en mi cabeza, al poder escribirlas y compartirlas. Se trata de cosas que me interesan, que me preocupan, que me sorprenden.
Y también es una manera de que me conozcan. El hecho de que mis palabras sean leídas y percibidas por los que pasen por aquí, seguramente me ayudará a Ser.

Así que les doy la bienvenida y los invito a recorrerlo.